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Encuentros inesperados

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Dices que estar sin mí te resulta tan o más penoso que vivir conmigo. Uhmm, no sé si tomarlo como un halago o una crítica despiadada. Supongo que te comportas como un imbécil, que sé yo... Tu esencia no es la de una persona mala: de odios y rencores malsanos. No, definitivamente, no. Conmigo no te portaste bien pero eso no te hace un "mal tipo". A lo mejor una vez más te estoy justificando, como cuando agraviada por algo que me hacías, mascullaba a modo de rezo en silencio: "Sólo los grandes hombres pueden tener grandes defectos...." Yo también pasé por eso... darling y hasta en cierto punto puedo entenderte. "Me sobrevives", me dices, tal vez pensando que detrás de esa afirmación un destello de remordimiendo carcoma en silencio, una parte de mi alma. Pero no, ya no... Estoy eximida de culpas, después de un tiempo preescribieron mis faltas más severas. Las tuyas también caducaron, por supuesto, entiendo de normas de cortesía y de reciprocidad urbana. No es que me haya convertido de repente en una pacifista extrema, sino que con el paso del tiempo entendí que hay guerras que es mejor perderlas. Que no vale la pena masticar rencores, reproches...Uno aprende tanto de las derrotas..., hasta te diría que uno sale renovado de esas oscuridades. Sí quizás te odié en ese momento, pero supongo que confundí el desencanto con la verdad. Yo aprendí tanto sin vos, espero que no te suene peyorativo, pero hasta creo que voy a tener que agradecerte de algún modo por la lección. Nunca más voy a perder mi aplomo en una discusión, que es el principio del fín , donde se pierde todo y se gana absolutamente nada. Hay un proverbio griego que reza: "Por más esfuerzo que hagamos, jamás podremos volver a colocar las flores en un tallo, después del vendaval". Y así fue, mirá que la distancia, el paso de los años no ha logrado dominar los rezagos de turbulentas pasiones. Es imposible volver atrás las cosas cuando hay una suma de rencores que se esparcen como cadáveres al final de una contienda. No hay reparaciones póstumas, pero si la voluntad, al menos en la parte que me concierne, de aceptar las cosas como son.

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Comentarios Encuentros inesperados

que precioso escrito

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