Avisar de contenido inadecuado

Fragmentos

{
}

Todo lo que ocurre, cuando tiene importancia, es contradictorio por

naturaleza. Hasta que no apareció aquella para la que escribo esto, pensaba

que las soluciones para todas las cosas se encontraban en algún lugar

exterior, en la vida, como se suele decir. Cuando la conocí, pensé que estaba

aprehendiendo la vida, aprehendiendo algo en que podría hincar el diente.

En lugar de eso, la vida se me escapó de las manos completamente. Extendí

los brazos en busca de algo a que apegarme... y no encontré nada. Pero, al

hacerlo, con el esfuerzo por aterrarme, por apegarme, a pesar de haber

quedado desamparado, descubrí algo que no había buscado:

a mí mismo. 

Descubrí que lo que había deseado toda mi vida no era vivir —si se llama

vida a lo que otros hacen—, sino expresarme. Comprendí que nunca había

sentido el menor interés por vivir, sino sólo por lo que ahora estoy haciendo,

algo que es paralelo a la vida, pertenece a ella al mismo tiempo, y la

sobrepasa. Lo verdadero me interesa poco o nada, y tampoco lo real,

siquiera; sólo me interesa lo que imagino ser, lo que había asfixiado día a día

para vivir. Que muera hoy o mañana carece de importancia para mí, nunca

la ha tenido, pero que ni siquiera hoy, tras años de esfuerzo, pueda decir lo

que pienso y siento... eso sí que me preocupa, me irrita. Desde la infancia

me veo tras la pista de ese espectro, sin disfrutar de nada, sin desear otra

cosa que ese poder, esa capacidad. Todo lo demás es mentira: todo lo que

haya hecho o dicho en cualquier época que no tuviera relación con eso. Y ésa

es, en gran medida, la mayor parte de mi vida.

Quien, por un amor demasiado grande, lo que al fin y al cabo es

monstruoso, muere de sufrimiento, renace para no conocer ni amor ni odio,

sino para disfrutar. Y ese disfrute de la vida, por haberse adquirido de forma

no natural, es un veneno que tarde o temprano corrompe el mundo entero.

Lo que nace más allá de los límites del sufrimiento humano actúa como un

 boomerang y provoca destrucción.

Si no lo crucifican a uno, como a Cristo, si consigue uno sobrevivir,

seguir viviendo y superar la sensación de desesperación y de futilidad, en ese

caso ocurre otra cosa curiosa. Es como si uno hubiera muerto realmente y

hubiese resucitado efectivamente; vive uno una vida supranormal, como los

chinos. Es decir, que uno es alegre, sano e indiferente de una forma que no

es natural. Desaparece el sentido trágico: sigue uno viviendo como una flor,

una roca, un árbol, unido a la Naturaleza y enfrentado a ella al mismo

tiempo. Si muere tu mejor amigo, ni siquiera te preocupas de ir al entierro; si

un coche atropella a un hombre delante de ti, sigues caminando como si

nada hubiera ocurrido; si estalla una guerra, dejas a tus amigos ir al frente,

pero tú, por tu parte, no te interesas por la matanza. Y así sucesivamente.

La vida se convierte en un espectáculo a medida que se produce. La soledad

queda suprimida, porque todos los valores, incluidos los tuyos, están

destruidos. Lo único que florece es la compasión, pero no es una compasión

humana, una compasión limitada: es algo monstruoso y maligno. Te importa

todo tan poco, que puedes permitirte el lujo de sacrificarlo por cualquiera o

por cualquier cosa. Al mismo tiempo, tu interés, tu curiosidad, se desarrolla

a un ritmo fantástico. También eso es sospechoso, ya que puede atarte a un

botón de cuello igual que a una causa. No existe una diferencia

fundamental, inalterable entre las cosas: todo es flujo, todo es perecedero. La

superficie de tu ser está desintegrándose constantemente; sin embargo, por

dentro te vuelves duro como un diamante. Y quizá sea ese núcleo duro,

magnético, dentro de ti lo que atrae a los otros hacia ti de buen o mal grado.

 

Extractos de "Tropico de Capricornio", de Henry Miller.

{
}
{
}

Comentarios Fragmentos

me ha gustado yo hace tiempo que participo de la vida pero sin mayor interrogante en todo caso de mi mismo que poco voy a arreglar lo pasao pasao va pa bueno y malo no se puede cojer y el presente a veces tiene uno que aceptarlo bueno el caso que fuera de mi no doy mi interrogar por nadie vivo por que no me voy a tirar a un barranco y si es real o ficticio que mas da pero me ha agradao mucho leerte
me ha gustado yo hace tiempo que participo de la vida pero sin mayor interrogante en todo caso de mi mismo que poco voy a arreglar lo pasao pasao va pa bueno y malo no se puede cojer y el presente a veces tiene uno que aceptarlo bueno el caso que fuera de mi no doy mi interrogar por nadie vivo por que no me voy a tirar a un barranco y si es real o ficticio que mas da pero me ha agradao mucho leerte

Deja tu comentario Fragmentos

Identifícate en OboLog, o crea tu blog gratis si aún no estás registrado.

Avatar Tu nombre